hambre

Tipos de hambre: Cómo identificarlos y satisfacerlos

Como nombramos en la  publicación anterior referida a las estrategias para afrontar la falta de control ante el consumo excesivo de alimentos, hay diferentes tipos de hambre:

-Hambre visual, que se corresponde con la expresión de que “comemos con los ojos”.

¿Os ha pasado alguna vez que, en un restaurante self-service o buffet, habéis cogido más comida de la que necesitáis?

Muchas veces escogemos la cantidad de comida que vamos a consumir por medio de la vista. Esto se debe a que los alimentos nos resultan muy atrayentes por su forma, color o manera en que están cocinados, y nos parece que “tienen muy buena pinta”.

Ello hace que, frecuentemente, consumamos más de lo que podemos o que nos sobre mucha comida en el plato cuando descubrimos que “no podemos más”. En situaciones normales, este tipo de hambre puede controlarse sirviéndose la ración adecuada y alejando de nuestra vista el resto de comida.

-Hambre olfativa, la que nos provoca el aroma que se desprende de un alimento o de un plato bien cocinado.

También puede ocurrir que, a menudo, comamos porque estemos al lado de alguien que lo hace y su comida desprenda un olor que nos provoque el “hambre”; y no hace falta que el producto sea una “exquisitez”, puede ocurrirnos con algo tan simple como el pan tostado. En estas ocasiones, nos sorprendemos ingiriendo comida por el simple hecho de que el de al lado lo hace y “¡…mmm…!” “¡Qué bien huele!” “¡Voy a hacerme yo también una tostada!”.

-Hambre bucal, que es aquella que aparece para satisfacer el deseo de obtener las sensaciones placenteras que nos provocan los sabores de los diferentes alimentos.

Este tipo de hambre depende de factores genéticos, hábitos alimentarios, tradiciones culturales, etc.

-Hambre estomacal, que surge de las sensaciones de “tener un agujero en el estómago”.

Esto ocurre porque este órgano está condicionado por la cantidad de alimentos que solemos consumir. De modo que, si tendemos a consumir alimentos en exceso, sentiremos un vacío en el estómago a ciertas horas y al consumir menos cantidad de la que estamos acostumbrados. O, al revés, tendremos sensaciones de “estómago lleno” si solemos comer poco o en horas diferentes. A este respecto, me gustaría recordar que las cantidades que debemos consumir van en consonancia con nuestro peso, altura y requerimientos energéticos.

Entonces, ¿por qué no acostumbramos a nuestro estómago a consumir la cantidad necesaria de alimentos y en los momentos que así lo requiera?

Esto es importante, ya que lo que satisface el hambre estomacal es la cantidad adecuada de alimentos y la variedad de los mismos.

-Hambre mental, que está condicionada por nuestro propio pensamiento.

Surge cuando nos decimos a nosotros mismos que “esa comida”  es la que debo, me conviene, necesito, me merezco o tengo que consumir.

Es importante saber que es muy difícil satisfacer este tipo de hambre, puesto que la mente siempre está en funcionamiento y, en el momento que consiga que la consumas (“esa comida”), te desafiará a que lo hagas con otra.

-Hambre de corazón, que es la que puede dar lugar a la alimentación emocional.

Este tipo de hambre surge porque no sabemos diferenciar el agujero del estómago y el del corazón. Pensamos que tenemos hambre cuando en realidad es otra cosa.

Y, ¿qué otra cosa es?

Como hemos dicho en anteriores publicaciones, la mejor manera de descubrir lo que nos ocurre es mediante el autoconocimiento.

Pero, además podemos identificarla por los siguientes aspectos: aparece de repente y en forma de “antojos” por determinados alimentos, surge la necesidad de satisfacerla inmediatamente, se continúa comiendo incluso estando lleno y, posteriormente, aparecen autorreproches y sentimientos de culpa, vergüenza e insatisfacción con uno mismo.

Entonces, ¿existe otra manera de satisfacer el hambre de corazón?

Sí, pero la comida no es el medio.

La cantidad de alimentos consumidos y la velocidad con la que se ingieren es claramente superior a la que tendría lugar en condiciones normales y, aún así, los sentimientos que aparecen son desagradables. Por ello, es imprescindible buscar otra manera de satisfacerla.

Algunas opciones pueden ser: prepararnos la comida con atención y cariño (y no utilizar productos envasados), innovar en la cocina con diferentes especias y condimentos, tratarnos como si fuésemos un invitado, encender unas velas, poner unas flores, utilizar la vajilla que nos gusta, en definitiva, sentirnos amados y cuidados.

-Hambre celular, que ocurre a nivel fisiológico y surge de los requerimientos de energía cuando llevamos mucho tiempo sin comer.

Este tipo de hambre aparece poco a poco y puede saciarse con diferentes alimentos, no es necesario satisfacerlo de inmediato y se consigue satisfacer cuando hay una sensación agradable de plenitud, que refleja que se han recuperado los niveles necesarios de azúcar y nutrientes.

Esta última es el hambre que más debería impulsarnos a comer, sin renunciar al placer que podemos experimentar mediante la vista, el olfato y el gusto; y atendiendo las sensaciones de plenitud generadas en el estómago.

¿Estáis preparados para atender a todas las señales que os envía vuestro cuerpo? Sólo así podréis hacer modificaciones, ¡siempre y cuando sean convenientes!


¿Qué piensas sobre este tema? Comparte si te ha gustado o conoces a alguien a quien pueda interesarle y comenta si quieres dejar tu opinión.

Sobre la autora

Irene Arroyo

Psicóloga Sanitaria especializada en el ámbito de la alimentación, los Trastornos de la Conducta Alimentaria y la Obesidad. Interesada en el autoconocimiento y la resolución de problemas cotidianos.

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2 Comentarios

  • Hola Irene. Me gustan mucho las publicaciones que haceis referidas a la alimentación. Me parece muy útil conocer los diferentes tipos de hambre que existen y es fácil identificarse con muchos de los que expones como “comer con la vista” o porque nos gusta como huele. Me ha parecido muy interesante el hambre mental, porque entiendo que la mente es insaciable. Muchas gracias por tu publicación. Seguiré alerta para las siguientes. ¡Un saludo!

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