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Responsabilidad: La importancia de identificarla y reconocerla

En varias ocasiones hemos hablado acerca de nuestra responsabilidad en varios contextos y situaciones.

Responsabilidad sobre las personas con las que elegimos compartir nuestro tiempo o nuestra vida íntima; sobre la forma en que nos relacionamos con otras personas; sobre la gestión de los problemas; la responsabilidad percibida sobre la felicidad de alguien más, por encima de nuestros propios deseos o ideales o la responsabilidad sobre nuestra propia felicidad.

En general, nuestra responsabilidad sobre lo que nos pasa, lo que hacemos, decimos o cómo nos sentimos, es bastante grande.

1. Identificar nuestra responsabilidad.

¿Por qué hablamos de responsabilidad y de la importancia de identificarla y reconocerla?

Podemos pensar que sentirnos responsables de algo no nos hará sentir mejor, al revés. La negación y el hecho de creer y decirnos que no había nada que pudiéramos hacer puede ser una protección ante el dolor y la culpa. Pero solo al sentirnos responsables de lo que nos ocurre y de nuestros actos encontraremos nuestro papel en el siguiente paso. Por el contrario, si interpretamos que no está bajo nuestra responsabilidad, tal vez no nos planteemos que podamos buscar y encontrar una solución al respecto.

Si pensamos que lo que nos pasa es porque tenemos mala suerte, porque los demás se portan mal con nosotros, porque la vida es injusta, ¿Cómo podríamos tratar de trabajar por mejorar?

Identificar y aceptar nuestra parte de responsabilidad sobre lo que nos ocurre nos ayudará a saber si hay algo que podamos hacer o, por el contrario, no depende de nosotros. Además, es la manera de corregir y mejorar para no volver a repetir comportamientos inadecuados en el futuro.

A pesar de que ciertos hechos o acontecimientos ocurren totalmente fuera de nuestro control, siempre podemos decidir cómo actuar en consecuencia. Y, aunque parezca y sea complicado, también podemos intervenir en la forma en que nos sentimos al respecto. Manejar nuestras emociones y nuestros pensamientos, así como controlar nuestras acciones y elecciones es una tarea difícil, pero es un buen objetivo a seguir. Si están en completo descontrol y no logramos manejarlos, será más fácil que sean ellos los que nos manejen. Perderíamos el control de nuestra propia vida.

2. Hacernos cargo de lo que es nuestra responsabilidad.

Buscar en otras personas o situaciones al culpable puede ser más fácil y menos doloroso que aceptar la propia responsabilidad.
Sucede que, en ocasiones, tendemos a poner la responsabilidad de lo que decimos, hacemos o sentimos en los demás, como si dependiera de ellos. Como si fueran ellos los que hicieran que ocurriera. Seguramente nos suenan conocidas frases como:

“Nos hemos peleado por tu culpa.”
“Mira lo que has conseguido.”
“¿Ves lo que me has hecho hacer?”
“He gritado porque me has provocado.”
“Me has hecho sufrir mucho.”
“Me estás cabreando.”

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Pero este tipo de situaciones solo tendrán lugar si permitimos que lo tengan.

No es normal que alguien nos obligue a pelearnos, es nuestra responsabilidad la manera en que nos relacionamos o conversamos con los demás. Tampoco es muy común que nos hagan gritar a alguien o que nos obliguen a enfadarnos, ni que obliguemos a alguien a enfadarse a la fuerza. Y, por supuesto, nuestras emociones no son responsabilidad de nadie más que nuestra. Las personas no “nos hacen sentir mal, nos hacen enfadar o nos hacen sufrir”;  más bien reaccionamos ante lo que hacen o dicen sintiéndonos mal, sufriendo o enfadándonos.
Igualmente, si somos felices, podemos sentirnos felices por cómo alguien nos trata, pero nadie “nos hace felices”, nuestra felicidad es nuestra responsabilidad, no la tarea de otro.

Nadie más es responsable de nuestros actos o emociones. Tampoco los nuestros son responsabilidad de nadie más, ni nosotros somos responsables de sus actos, y de su felicidad. Liberémonos de esa culpa.

3. Aprender a aceptar lo que no está en nuestra mano.

Tal vez nuestro objetivo sea crecer hasta medir tres metros y lo intentemos lograr de mil maneras, pero no es algo que dependa del deseo ni del esfuerzo. Podríamos intentar ser otra persona o haber nacido en otra familia, pero no hay forma de que así sea.

Identificar y comprender si tenemos responsabilidad sobre las cosas que nos ocurren también significa aceptar que, en mayor o menor medida y dependiendo del caso, habrá situaciones o realidades que no podamos modificar o sobre las que no tengamos poder.
Y, a veces, tenemos que aceptar y quizás desistir para poder continuar y seguir adelante.
Cuando algo no depende de mí, aceptarlo y dejar de sufrir. Cuando depende de mí, luchar con todo.

Claramente no somos los únicos responsables de todo lo que nos ocurre ni tenemos capacidad de decidir al 100% sobre nuestra vida presente y futura. Pero cuando la tenemos, mejor saberlo para poder actuar ¿no?


¿Qué piensas sobre este tema? Comparte si te ha gustado o conoces a alguien a quien pueda interesarle y comenta si quieres dejar tu opinión.

Sobre la autora

Elena Marín

Psicóloga especializada en Trastornos de la Conducta Alimentaria, Obesidad y Coaching Nutricional e interesada en autoeficacia, empoderamiento y desarrollo personal.

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2 Comentarios

  • Complejo tema el del reconocimiento de la responsabilidad, Elena. No es fácil para mi enfrentarme a su análisis, a reflexionar sobre ella… Tus palabras facilitan la tarea al tiempo que la serie de frases que mencionas despierta una sonrisa por puro reconocimiento de las mismas, por haberlas pensado alguna vez, dicho o escuchado… “Nadie más es responsable de nuestros actos o emociones” escribes y me parecen un poco tajantes estas palabras ya que es inevitable la interacción y que haya responsabilidad en más de una persona… Claro que también escribes “emociones no son responsabilidad de nadie más que nuestra” y tal vez esa se la clave que propones, trabajar sobre las emociones y avanzar.
    Me gusta leerte, nos gusta leerte a un grupo de amigas que comentamos las entradas del blog que os agradecemos. Alguna de las personas de este grupo ha utilizado textos tuyos en las aulas, con su alumnado de secundaria y el de hoy será, probablemente, uno de ellos.
    Gracias

    • Es cierto, Isabel. La interacción entre dos personas hace responsables a ambas de ella. Por ejemplo, el hecho de no hacernos responsables de lo que sienten o piensan otras personas no significa que debamos obviar el respeto, la amabilidad o el cuidado en nuestras palabras al dirigirnos o referirnos a ellas. La clave está, como dices, en trabajar en lo que está nuestras manos, evitando buscar o pretender la solución desde fuera. Muchas gracias por tu comentario y por lo que cuentas, nos alegra mucho que estén siendo útiles!

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