decir "no"

¿Por qué nos cuesta decir “NO”?: Liberarnos de la culpa

Como hemos referido en otras publicaciones (por ejemplo, cuando hablamos de las excusas entre los tipos de mentiras), muchos de nosotros tenemos problemas a la hora de decir “no” de forma asertiva. Ello puede llegar a repercutir en nuestra vida diaria si tendemos a hacer siempre aquello que no queremos por el simple hecho de que no sabemos decir “NO” a los demás.

¿Por qué solemos a actuar de esta manera?

En muchas ocasiones puede ocurrir que digamos que sí a algo que no queremos hacer porque los recuerdos que rescatamos de nuestra memoria nos advierten de que, cuando no hemos hecho lo que los demás nos habían pedido, apareció un sentimiento desagradable del que es muy difícil escapar: la culpa.

La culpa, según la RAE, es la acción u omisión que provoca un sentimiento de responsabilidad por un daño causado.

Este sentimiento de responsabilidad, además, es capaz de consumir una gran parte de nuestra energía emocional: nos hace sentir mal, nos inmoviliza, nos agota; tiene repercusiones a la hora de dormir, de alimentarnos, de relacionarnos con los demás…Y, lo peor de todo, ¡no nos permite volver hacia atrás para cambiar nuestra actuación y, de esta manera, librarnos de ella!

“Gran descanso es estar libre de culpa”, Marco Tulio Cicerón.

Por eso, dudamos antes de decir “no” a peticiones que los demás nos formulan, e incluso, tendemos a hacer lo que nos piden: porque no queremos volver a experimentar este sentimiento.

Pero, es importante que seamos conscientes de que si finalmente hacemos lo que los demás quieren, incluso cuando no estamos de acuerdo, volveremos a experimentar otras emociones o sensaciones, también desagradables, como:

  • Ira. Puede que cedamos ante lo que nos piden, pero terminemos enfadándonos con nosotros mismos o con los demás por ese mismo motivo: “Estoy furioso; mi compañero de trabajo siempre se sale con la suya. Termino haciendo su trabajo para que él se lleve todos los méritos”.
  • Tristeza. También podemos estar tristes, por ejemplo, al pensar que somos incapaces de hacer y decir lo que realmente queremos: “Nunca conseguiré decirle que no. Me siento mal porque siempre cedo y hago lo que ella me pide, cuando lo que prefiero hacer es otra cosa. Si no soy capaz de decir que no, no sé qué voy a conseguir en la vida”.
  • Irritabilidad. A veces podemos volvernos irritables cuando rumiamos una y otra vez acerca de por qué lo estamos haciendo: “Yo no tendría que estar aquí. Siempre acabo haciendo lo que quieren los demás. La próxima vez les diré que no. Siempre acaban haciendo conmigo lo que quieren. Ahora yo me estoy perdiendo lo que tenía planeado. Ahora mis amigos estarán de viaje y yo aquí…”.
  • Miedo. Puede surgir cuando dudamos si hacer o no aquello que nos piden, o cuando fantaseamos en el día en el que plantemos cara y digamos que NO. Puede resumirse en miedo a las  consecuencias el día que nos neguemos: “La próxima vez diré que no. Pero, ¿cómo se lo digo?, ¿se enfadará?, ¿y si deja de hablarme?, ¿y si habla mal de mí a los demás?…Mejor lo hago. Total, no me cuesta tanto”. Ante el miedo, puede que nos sintamos coaccionados porque si no lo hacemos tendrá repercusiones en la relación que tenemos con la persona en cuestión.
  • O de nuevo la culpa por dejar a un lado nuestras propias obligaciones e intereses por agradar al otro.

Por ello, el objetivo es lograr decir “NO” asertivamente, sin sentirnos culpables, ya que esto nos permitirá decidir sobre lo que realmente queremos hacer y sentirnos bien con la decisión que hayamos tomado.

¿Cómo podemos conseguirlo?

En primer lugar, tenemos que ser conscientes de que estamos en nuestro derecho: tenemos derecho a no hacer un favor, a no prestar la ayuda que nos demandan…

Una vez que sabemos que tenemos derecho a ello, tenemos que elegir si queremos llevarlo a cabo o no.

En segundo lugar, como para muchas otras situaciones, es imprescindible mostrar al otro que le estamos escuchando y comprendiendo.

Y, una vez que hayamos oído aquello que nos proponga, tenemos que sopesar, desde nuestra situación, qué es lo que queremos hacer. También puede ser útil sopesar costos y beneficios, y esfuerzo que requiere tanto para nosotros como para aquel que nos lo pide.

Seguidamente, debemos responder con aquello que pensamos.

Cuando decidamos que no vamos a llevar a cabo lo que se nos solicita, es preferible no empezar con el “NO”, aunque es necesario dejarlo claro: “Lo siento, pero no puedo”. O, aunque no es estrictamente necesario porque es nuestro derecho, podemos dar alguna explicación (más o menos breve) de por qué no vamos a realizar lo que se nos pide: “Lamento no poder ayudarte, pero este fin de semana tenía planeado otras cosas que hacer y no podré quedarme con tu hijo”.

Otras opciones que podemos tener en cuenta es la de negociar o llegar a acuerdos con respecto a lo que nos piden y expresar otras alternativas que queremos que tengan lugar.

Por último, tenemos que ser conscientes de que también es un derecho que tienen los demás, por lo que hay que evitar insistir en los casos en que nos digan “NO”, no sentirnos dolidos, ni hacer chantaje emocional.

Es muy importante evitar el chantaje emocional: “No he estado en el cumpleaños de Juan porque Lidia, que se lleva mal con él, me ha dicho que, como vaya, significará que la estoy defraudando y no podrá volver a confiar en mi”. Este tipo de comportamientos también generará emociones y sensaciones desagradables, por lo que tenemos que saber identificarlo y evitar llevarlo a la práctica con los demás y que lo lleven con nosotros.

Llegados  a este punto, ¿creéis que vais a ser capaces de decir que NO cuando algo no sea de vuestro agrado o tengáis otras prioridades?


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Sobre la autora

Irene Arroyo

Psicóloga Sanitaria especializada en el ámbito de la alimentación, los Trastornos de la Conducta Alimentaria y la Obesidad. Interesada en el autoconocimiento y la resolución de problemas cotidianos.

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