¿Personas tóxicas?: Aprendiendo a definir nuestras relaciones.

Hoy en día es común oír hablar, en un lado y otro, sobre “gente tóxica”. Incluso en algunas de nuestras publicaciones hemos recurrido, en ocasiones, a este término para referirnos a la manera que tenemos de relacionarnos con ciertas personas.

Es frecuente que utilicemos esta expresión para definir a personas que:

  • Están todo el día quejándose.
  • Critican a los demás.
  • Son manipuladoras y mentirosas.
  • Se relacionan con aires de superioridad, desprestigiando continuamente a aquel que tienen al lado.
  • Son envidiosas.
  • Asumen papeles de “víctima”.
  • Pasan tristes la mayor parte del día.
  • Culpabilizan a los demás y no se hacen responsables de sus propias acciones.

Por ello, nos roban nuestra energía, nos agotan, etc.

Pero, si lo pensamos bien, ¿Quién no ha adoptado, en ciertas situaciones o momentos de su vida, alguno de estos comportamientos?

  • Nos hemos quejado cuando ha ocurrido algo que ha arruinado nuestros planes. Por ejemplo: Teníamos pensado ir el fin de semana a la nieve, pero nos hemos lesionado y tenemos que guardar reposo.
  • Hemos criticado a personas que nos han hecho daño de alguna manera.
  • Nos hemos mostrado irritables por razones que los demás desconocen, y eso ha hecho que nos comportemos de forma agresiva y descalificadora.
  • Puede que hayan tenido lugar circunstancias específicas en las que nos hemos creído más que otra persona.
  • Nos sentimos tristes y pesimistas en determinadas etapas de nuestra vida (ruptura de una pareja, pérdida de un empleo, enfermedad o muerte de un ser querido…).
  • Y, como sabemos de anteriores publicaciones, ¿Quién no ha mentido alguna vez?

En cualquiera de estos supuestos, nuestra conversación puede resultar agotadora para aquel que nos acompañe.

Y, según esto, parecería demasiado fácil ser una “persona tóxica”. Pero, ¿Sería justo que todos tuviéramos esta etiqueta?

Etiquetar a alguien no suele traer ventajas en ningún caso. Esto es así porque somos personas susceptibles al cambio:

1. Podemos ser personas encantadoras que están pasando una “mala racha” por motivos personales y conocer a alguien en estos momentos.

Esa persona podría tacharnos de “negativa”, “tóxica”, “agresiva”…Y, además,  podría trasladar su opinión a sus familiares y amigos, que a su vez pueden hacer lo mismo.

Con ello lo único que conseguimos es crear juicios equivocados sobre gente que puede, incluso, asumir ese papel hasta terminar mermando sus relaciones, por haber mantenido una determinada conducta durante un mal momento.

2. También puede ocurrir al revés. Puede que en el pasado nos hayamos comportado de forma equivocada con ciertas personas, seamos conscientes de ello, decidamos cambiar y, si lo necesitamos, busquemos ayuda para conseguirlo.

De hecho, ¿no pensáis que hay personas de las que, si las hubierais conocido en otro momento, tendríais una percepción distinta?  Y, por supuesto, ¿no hay personas que tendrían una percepción distinta de nosotros si nos hubieran conocido en otras circunstancias o contextos?

Seguramente, sí. Porque cambiamos en función del momento de la vida en el que nos encontremos, del lugar en el que estemos, de por quién estemos acompañados, del rol que estemos desempeñando e, incluso, del momento del día en el que nos situemos.

Entonces, ¿qué hay de aquellas personas que son posesivas, falsas, envidiosas que tienen la intención de hacernos sentir mal? ¿Y aquellas que disfrutan con el mal ajeno?

Lo cierto es que también existen personas de este tipo. Pero, en función de la situación de cada uno de ellos/as serán “posesivos” y/o “falsos” y/o “envidiosos” y además, tendrán o no la intención de hacernos sentir mal y/o disfrutarán o no viéndonos sufrir.

Sin embargo, estas personas no serán tóxicas por sí solas. “Ser tóxico” no es ninguna categoría ni diagnóstico. Aunque hay que tener en cuenta que la relación que mantengamos con ellas, sí puede convertirse en dañina para nosotros.

Esto es así porque la mayor parte de la problemática que presentamos está determinada por el entorno en el que vivimos. Un entorno en el que convivimos con muchas otras personas más. Y es con las relaciones que mantenemos con ellas donde pueden surgir los conflictos.

En este escenario, es mucho más fácil acusar a alguien de ser “tóxico” por cualquier suceso (ya sea aislado o repetido) que asumir nuestra propia responsabilidad sobre la forma en que nos relacionamos con él/ella.

¿Cómo podemos actuar?

Una vez que sepamos que existe todo tipo de personas, tenemos que aprender a poner límites. Sobre todo con aquellas que no nos gusten, con las que veamos que son constantemente criticonas, posesivas, envidiosas (no sólo con nosotros, sino con los demás); con las que veamos que sean egoístas, egocéntricas; con las que no se preocupen de nosotros, ni se alegren de nuestros triunfos; con aquellas que suelan ser agresivas verbalmente y déspotas.

En estos casos, será el tiempo el que diga si tuvieron un mal día, si pasaban por un mal momento o si eligen ser de esa determinada manera.

Porque, al fin y al cabo, tenemos que relacionarnos con todo tipo de personas.

En muchas ocasiones, no podemos elegir a las personas con las que tratamos a diario: son nuestros compañeros de trabajo, de piso, nuestros vecinos, los amigos de nuestros amigos, nuestros familiares… Pero sí podemos elegir a aquellas personas con las que establecemos vínculos.

Nuestros consejos, al respecto, son:

  1. Seamos amables con todo aquel que nos relacionemos, pues no sabemos las circunstancias en las que vive y el motivo por el que puede comportarse de determinada manera.
  2. No utilicemos etiquetas para catalogar cómo son las personas que nos rodean y tratemos, en su lugar, de definir la relación que queremos tener con ellas.
  3. ¡Establezcamos vínculos con quien nos ame, nos acepte tal y como somos, nos aporte cosas buenas, disfrute de nuestros éxitos y nos apoye en nuestros fracasos!

Sobre la autora

Irene Arroyo

Psicóloga especializada en el ámbito de la alimentación, los Trastornos de la Conducta Alimentaria y la Obesidad. Interesada en el autoconocimiento y la resolución de problemas cotidianos.

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