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Felicidad: cómo acercarnos un poco más a ella

Así como hablamos de las dificultades de “pensar positivo”, de que hacerlo no es tan fácil como decirlo y de que no es algo que se puede lograr de un día para otro, pues depende de varios factores, aprendizajes o cambios; encontramos la misma dificultad en el “ser feliz”.

Ser feliz es un objetivo perseguido por la mayoría de las personas. Podemos considerar la felicidad como un estado, una emoción, una actitud, una decisión, una meta, el camino, pero definitivamente es algo que casi todos buscamos a lo largo de nuestras vidas.

Sin embargo, no es tan sencillo como proponérselo para que sea; nadie se descubre sintiéndose infeliz, decide ser feliz y al día siguiente ser despierta siéndolo.

Hablaremos de 3 detalles importantes:

  1. La felicidad no es la ausencia de negatividad.
  2. Para alcanzar la felicidad debemos identificar qué la impide.
  3. Hace falta valentía para ser feliz.

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1. La felicidad no es la ausencia de negatividad.

En primer lugar, la ausencia de negatividad no existe. En segundo lugar, sin lo negativo no existiría lo positivo.

La no existencia de las emociones negativas eliminaría el significado de las positivas. Las emociones negativas tienen una función adaptativa y son igual de necesarias que las positivas para la supervivencia, la autosuperación y el desarrollo personal. Sin el polo negativo, el polo positivo sólo sería normalidad. Sin vivencias negativas no valoraríamos las positivas: las emociones que nos hacen sentir bien, las cosas buenas que nos pasan, no tendrían el mismo valor, serían lo normal.

Nos perderíamos las sorpresas, la alegría, la diversión, el orgullo, la gratitud, la esperanza, el amor.

La felicidad no es que todo sea siempre positivo, perfecto, sin contratiempos ni fallas. Ser feliz no significa estar siempre feliz y pletórico. Podemos y debemos ser felices con emociones negativas.

Probablemente rechazamos y negamos las emociones negativas por miedo a no saber qué hacer con ellas, por temor a aceptarlas y tener que experimentarlas y enfrentarnos a ellas.

2. Para alcanzar la felicidad primero debemos identificar qué la impide.

La felicidad no es buscar algo ajeno a lo que tenemos que sustituya nuestra realidad actual.

La búsqueda de la felicidad no debe ser una forma de huir de la realidad presente, pensando que, si simplemente esperamos con buena actitud y pensamos de forma positiva, algún día todo desaparecerá y será sustituido por la felicidad por arte de magia. No se trata de recopilar emociones positivas fingidas, ni pensamientos de “si creo que es posible, ya llegará”. No vale con ser optimista y esperar.

Muchas veces será necesario modificar lo que ya tenemos, lo que ya hay en nuestras vidas que no nos satisface y convertirlo en algo que sí.

La felicidad llega con el reconocimiento, afrontamiento, gestión y resolución de los problemas y las situaciones que no nos satisfacen.

La solución, por tanto, irá de la mano de intentar identificar y modificar lo que depende de nosotros y aprender a dejar ser lo que no.

No vamos a cambiar de una vez el estado completo de infelicidad, sino las cosas que una por una forman parte del todo.

3. Hace falta valentía para ser feliz.

Para aceptar, experimentar y enfrentarnos a lo que no queremos, hace falta valentía. Enfrentarnos sin escapar.

Y cambiar supone tener la valentía de arriesgarse.

En este sentido, ser feliz es una decisión. Tomar la elección de correr riesgos, probar cosas nuevas, ir a lugares diferentes, conocer a otras personas.

Puede que hayas identificado qué está mal para ti y sepas bien qué te gustaría cambiar, cuál sería el camino, pero claramente es sólo el principio, cambiar cuesta.

¿Por qué ser feliz es un acto de valentía?

  • Porque la tristeza tiene algo que atrae.

Puede que a muchos nos suene esta sensación:

Es domingo por la tarde, estás en casa y fuera llueve y está oscureciendo. No te sientes mal ni tienes ningún motivo para ello. Sin embargo, empiezas a pensar y recordar, voluntariamente, cosas que te entristecen. Puede que pongas música lenta o incluso que te apetezca ver una película triste y regodearte en la melancolía.

“la melancolía es la felicidad de estar triste”. Víctor Hugo.

Parece que hay algo en la tristeza que nos gusta, que nos atrae.

La melancolía en momentos puntuales está bien, pero si se hace permanente puede convertirse en un problema.

La sensación de que la tristeza nos gusta existe, nos hace sentir cómodos y protegidos, pero no debe convertirse en un refugio ante la vida.

  • Porque el cambio supone salir de la zona de confort:

Ya sabemos, salir de la zona de confort cuesta, es complicado. Muchas veces nos pasa que “mejor malo conocido que bueno por conocer”. Quedarse con lo conocido da mucha tranquilidad. Es lo conocido y sobre lo que tenemos control, dónde sentimos que podemos manejar lo que nos ocurra.  No importa si hablamos de insatisfacción, infelicidad, soledad o falta de amor propio. Si la satisfacción, la felicidad, la compañía y la autoestima son “lo desconocido”, aunque pensemos que son lo ideal y deseable, también suponen ansiedad, temor, desconfianza, sensación de descontrol.

El miedo puede hacer que, sin darnos cuenta, estemos boicoteando nuestro bienestar.

Ahora que sabemos un poco más, toca reflexionar: ¿Hay algo que esté impidiendo nuestra felicidad? ¿Sabemos qué es? Y, lo más importante, ¿nos atrevemos a ir por ello?


¿Qué piensas sobre este tema? Comparte si te ha gustado o conoces a alguien a quien pueda interesarle y comenta si quieres dejar tu opinión.

Sobre la autora

Elena Marín

Psicóloga especializada en Trastornos de la Conducta Alimentaria, Obesidad y Coaching Nutricional e interesada en autoeficacia, empoderamiento y desarrollo personal.

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3 Comentarios

  • Elena, eché de menos tus palabras y eso me permitió releer algunas entradas pasadas y comentarlas con gente cercana: siempre son temas que “tocan” y de los que apetece charlar con las personas amigas o cercanas. Gracias por seguir proporcionándonos información sobre emociones y situaciones o vivencias que experimentamos y a las que a veces o no sabemos ponerle nombre o nos producen confusión emocional. Alcanzar momentos de felicidad, experimentarla, es un deseo universal, creo, pero que se pueda lograr en momentos de emociones negativas o que el miedo al cambio sea un obstáculo para la misma, son aspectos novedosos que a mi me viene bien conocer. Sigue escribiendo cuando puedas que te leemos con sumo interés y gusto.

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