expectativas

Expectativas: ¿Qué hacemos con lo que los demás esperan de nosotros?

“Cuando otras personas esperan de nosotros que seamos como ellos quieren, nos obligan a destruir a la persona que realmente somos”.
Jim Morrison

Desde que nacemos hay expectativas puestas sobre nosotros.

Incluso antes de nacer. Si apuramos, somos objeto de expectativas antes de que nuestros padres fueran adultos y se conocieran. Probablemente alguna vez habremos dicho o pensado frases que empiezan así: “Cuando yo sea padre/madre…”, “A mis hijos les enseñaré a…”, “Con mis hijos haré… o les llevaré a…”. Vemos cómo queremos que sean y qué haremos para que ocurra.

Todos, si queremos y esperamos tenerlos, alguna vez hemos pensado cómo serán nuestros hijos. Los futuros padres y madres se preguntan: ¿Cómo será? ¿A quién se parecerá? ¿Será una persona tranquila o nerviosa? ¿A qué jugará? ¿Le gustará estudiar? ¿Qué queremos para su futuro? ¿Qué colegio elegiremos? ¿A qué actividades extraescolares le apuntaremos?, y un largo etc.

Crecemos pendiendo de una serie de expectativas o planes previamente hechos para nosotros, normalmente pensados para nuestra felicidad, la cual dependerá de otros muchos factores no controlables.

Estas expectativas pueden nacer de experiencias que nuestros padres o madres no pudieron tener: “Que estudie lo que yo no pude”, “Que tenga las oportunidades que no tuve”; de vivencias que no quieren repetir: “Que no le pase lo que a mí”, “Que no lo traten de la misma manera”, “Que tenga la libertad para hacer lo que quiera”; o simplemente de detalles que han pensado, aprendido y deseado durante su vida, para sus hijos o para su propio futuro.

Conforme seguimos creciendo, muchas otras personas pondrán expectativas sobre nosotros: “Como alumno/a debes comportarte de determinada manera, no llevar la contraria, sacar buenas notas”, “Como eres mi amigo/a, tienes que apoyarme, estar de acuerdo, odiar a mis enemigos, estar conmigo siempre que lo necesite” “Como novio/a, debes llamarme, hacerme regalos” y más: “Si me quisieras harías lo que pido, me entenderías, sabrías lo que quiero”.

Si no las cumplimos, por norma general, nos sentiremos mal.

Muchas veces, entonces, vivimos con miedo de decepcionar a los demás. De no ser lo que esperan de nosotros. De que nos abandonen. Queremos por encima de todo que sientan orgullo. Incluso que nos necesiten. Viviremos para cumplir las expectativas de los demás.

Aquí viene la parte importante.

Vivir para cumplir las expectativas de los demás es un error.

En primer lugar, si ponemos todos nuestros esfuerzos en hacer felices a los demás, ¿quién pondrá sus esfuerzos para cumplir nuestras expectativas, nuestros deseos, para hacernos felices?

La felicidad de cada uno depende de sí mismo, no de otros. Las expectativas de cada uno, son suyas y cada quien debe luchar por cumplirlas (o cambiarlas si no dependen de ellos).

En segundo lugar, si vivimos esperando, deseando y luchando cumplir las expectativas de otro para hacerle feliz, tal vez le cumplamos esas, las que dependen de nosotros, pero nunca cumpliremos las que dependen de él y no lograremos su felicidad completa ni eterna. Y por supuesto tampoco lograremos las nuestras.

Además, esforzarse por agradar a los demás es poco agradecido. Cuando nos acostumbramos a que hagan todo por nosotros dejamos de valorarlo, pensamos que es como debe ser o que es lo normal.

En resumen, tenemos dos opciones:

  1. Decidimos cumplir las expectativas de otros. El otro, alguien a quien queremos y cuya felicidad nos importa, queda contento y tranquilo (solo respecto a esto y momentáneamente) gracias a nosotros. Obtenemos, tal vez, reconocimiento y aceptación. Pero nuestros deseos propios no quedan satisfechos y no controlaremos su felicidad completa.
  2. Decidimos cumplir nuestras propias expectativas, aceptando que las de los demás no son nuestra responsabilidad. Obtenemos el cumplimiento de nuestros deseos y el reconocimiento, la aceptación y el orgullo propios. Incluso, a la larga el de los otros, al haber tenido el valor de enfrentarnos.

¿Cuál elegimos?

(Podemos hacer cosas para hacer felices a los demás, por supuesto. Pero tengamos en cuenta si esto va contra nuestros propios deseos y felicidad).

Tomar nuestras propias decisiones, a pesar de sentir que “decepcionamos” a otro, nos hace crecer como personas.

Al final del día, de la vida, estaremos más orgullosos y satisfechos si hemos luchado, primero, por ser felices.


¿Qué piensas sobre este tema? Comparte si conoces a alguien a quien pueda interesarle y comenta si quieres dejar tu opinión.

Sobre la autora

Elena Marín

Psicóloga especializada en Trastornos de la Conducta Alimentaria, Obesidad y Coaching Nutricional e interesada en autoeficacia, empoderamiento y desarrollo personal.

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29 Comentarios

  • Qué interesante leerte Elena. Haces verse a una misma, mirar hacia dentro y releer la propia historia. Sigue escribiendo por favor, te lo agradeceremos.

  • Que gran alegría veros con sabiduría tan profunda a vuestra edad.
    Creo que a mi me ha llevado mas tiempo saberlo.
    Y aun hoy sigo detrás de saber no las expectativas propias o de mi entorno, sino incluso saber cuales son mis intereses personales reales , mis gustos, mis prioridades, sin priorizar a quienes quiero, por mi sola, por mi misma.
    Si las expectativas ajenas atan y cohartan, la falta de ellas,tambien. Tamboen los vínculos y la interacción con las demas personas modulan, delimitan y moldean nuestras actuaciones. Sin embargo tambien expectativas y vinculos aportan utopia, luz , sombra, horizontes a seguir o a evitar.
    Creo que estoy ahí, aprendiendo a moverme entre todo ello sin perderme.
    Gracias Elena .

    • Carolina, estoy totalmente de acuerdo en la mención a la falta de expectativas. Pienso que a veces es también necesaria su presencia para motivarnos y alentarnos a actuar, mientras reconocemos nuestros propios deseos y descubrimos en qué lugar los ponemos. Lo importante es seguir en el camino. Muchas gracias por tu reflexión.

  • Aun estoy en proceso de búsqueda de cuales son mis espectivas vitales y cuales me imponen. Mi pregunta es si estas cuestiones son extrapolables al mundo laboral?

    • En principio estaría más bien enfocado a lo personal. En lo laboral, si es por cuenta ajena, dependemos de quien nos contrata o dirige la empresa para cumplir unos objetivos (expectativas) y mantener el puesto. A veces, está en nuestras manos decidir actuar conforme a nuestros principios u obviar algunos buscando el éxito, un reconocimiento social… En general, pienso que cumplir nuestras propias expectativas éticas deberia estar por encima. ¡Gracias por tu comentario, Carmen y espero haber ayudado a resolver tu duda!

  • Bien dicho! Qué importante es dejar de sentirse parte de la manada para desarrollar tu prima manera de ser. Siempre intento inculcárselo a mis alumnos. Quien piensa por su cuenta esta cerca de ser libre.

    • Definitivamente, Ignacio. También pienso que es esencial para diferenciarnos y formarnos como personas individuales, capaces de tomar nuestras propias decisiones y llevarlas a cabo. Eso es la libertad. ¡Muchas gracias!

  • Un artículo muy claro, que plantea uno de los temas clave en el crecimiento de toda persona: cómo desarrollar su propia personalidad, su autonomía, a partir del entorno familiar y social en el que ha crecido y en el que, gracias a él, puede ser quién es. Se trata de un problema que nos ha preocupado a quienes nos hemos dedicado a la educación y hemos tenido hijos e hijas: cómo conseguir que sean independientes y autónomos. Creo que lo planteas muy adecuadamente

    • Definitivamente, no puedo estar más de acuerdo. La infancia y la adolescencia son cruciales para esta construcción de la persona como un ser autónomo e independiente, con ideas propias y suficiente autoestima para poderlas compartir y actuar conforme a ellas. Qué importante es que desde la educación se tenga esto en cuenta. Muchas gracias por el comentario y la crítica.

  • Acertada reflexión que hace pensar y mirar atrás en el tiempo que ya no se puede cambiar. Especialmente útil en la educación de los pequeños. Felicidades.

  • Enhorabuena, Elena, por el enfoque claro que transmites en este artículo. Me ha ayudado a recordar y a ponerlo en valor en nuevas situaciones de vida.

  • Elena, a mí también me ha gustado mucho tu artículo. Me ha hecho recorrer en unos minutos episodios vitales que me han llevado a ser quien soy y a estar en el momento en el que estoy. Aún estando de acuerdo con lo que expones considero que, en mi caso, ha sido necesario hacer todo el trayecto para llegar a darme cuenta de que “tomar nuestras propias decisiones, a pesar de sentir que “decepcionamos” a otro, nos hace crecer como personas”.
    Muchas gracias Elena.

    • Juan Manuel, realmente pienso que es a través de la propia vivencia como se comprenden la mayoría de las cosas. Todo se hace más evidente al ser vivido que simplemente escuchado o leído. Lo importante no es el cuándo, sino saber darnos cuenta y poder lograr un aprendizaje útil para presente y futuro. Parece que has tenido éxito. ¡Muchas gracias y un saludo!

  • Enhorabuena por tu artículo. Me parece interesante tanto por la reflexión personal que nos lleva a tener la valentía necesaria para ser nosotros mismos, a riesgo de ” no ser” lo que otras personas esperan; como por la que implica no esperar de las demás aquello que está sólo en nuestro interés.
    Cuantas veces habremos pretendido “cierto sufrimiento” ante la situación de no encontrar todo aquello que esperábamos y el que nosotras habremos ocasionado en la otra persona.
    De cualquiera de estas situaciones creo que puede ser fácil salir con respeto tanto hacia nostros mismos como a los demás.
    Ya ves Elena, la lectura nos ha llevado a paranos un poco, para así seguir creciendo. Gracias.

  • Muy interesante tu artículo Elena. Estoy totalmente de acuerdo contigo, aunque es difícil “desprenderse” de esa sensación de no estar a la altura de lo que otros esperan de nosotros.

    • Coincido también contigo, es complicado eliminar comportamientos, pensamientos y emociones con los que hemos convivido durante un tiempo. Pero, tener presente nuestro deseo de hacerlo, nos acerca un poco más a la meta. ¡Gracias por el comentario Ana!

  • Acertado y diáfano artículo, Elena. Seguro que, considerando las expectativas, has reparado en el efecto Pigmalion. Y que esta cuestión podrá darte para un nuevo y certero artículo.

  • Muchas gracias por tu artículo. Me lo recomendó una persona cercana a tí y a la que aprecio especialmente, y me ha gustado mucho. Abordas el tema con mucha claridad, y en tan pocas líneas y de manera concisa creo que haces un planteamiento muy bueno.

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