positivo

¿Es tan fácil pensar en positivo?

Desde siempre y parece que más desde que se pusieron de moda libros como The Secret y su Ley de la atracción, no dejamos de escuchar lo importante que es “pensar positivo”. Se aconseja en la familia, se dice entre los amigos, se sentencia en clase y en el trabajo, en la televisión, en la radio, en folletos informativos, hasta en grafitis en la calle.

Según esta teoría, los pensamientos negativos nos impiden atraer cosas positivas a nuestras vidas, porque atraemos más de lo que pensamos: negatividad.

Si por mucho que luchas por algo, por mucha energía o tiempo que inviertes en ello, en el fondo piensas que no lo vas a conseguir, que no eres lo suficientemente bueno para conseguirlo, que realmente no lo mereces o no estás seguro de tener fuerza hasta el final… Es lógico  que estos pensamientos interfieran e impidan que logres tu objetivo. ¿La solución? Tienes que ser más optimista y mantener esos pensamientos positivos pase lo que pase.

¿¡Así de sencillo!? Pensemos en positivo y todo saldrá bien.

Aquí viene el spoiler: No va a ser tan fácil.

Empecemos desde el principio.

En nuestro día a día estamos constantemente hablando con nosotros mismos y en este discurso la negatividad es una tara que paraliza el crecimiento personal y dificulta las esperanzas de mejora. Hasta aquí estamos de acuerdo. Además, las acciones se basan en gran medida en los previos pensamientos, es cierto.

Pero no es tan fácil modificar en poco tiempo nuestra forma de pensar o de sentir.

Tal vez hayas leído alguna vez estas teorías e incluso hayas intentado aplicarlas y finalmente hayas terminado desistiendo del intento porque no consigues los resultados prometidos.

La forma en que pensamos depende de una larga historia de experiencia pasada y de cómo se ha ido configurando nuestra personalidad. Todo esto con matices de culpa por el pasado y/o de preocupación por el futuro.

Pensar y hablar en positivo no siempre va a significar que todo salga bien y según tus planes, porque esto dependerá de otros factores. Si embargo, el positivismo ayuda a sufrir menos durante el camino. Entonces,  ¿qué podemos hacer que nos resulte más fácil?

Rodearnos de personas que piensen y hablen en positivo.

Lo que está claro es que vivir rodeado de personas negativas o positivas condiciona en gran medida tu estado de ánimo.

  • Existen muchas personas cuyo discurso es del tipo: el mundo va de mal en peor; todo me sale mal, para qué intentarlo, hay miles de personas optando por ese puesto, el amor no existe, todo el mundo te termina defraudando. Incluso personas cuyo discurso es directamente dirigido a ti: estás perdiendo el tiempo, no vales para eso, no eres suficientemente inteligente, eres un/a vago/a, eres una decepción, etc. Probablemente quede en ti la sensación de que todo está acabado, de que no hay mucho que puedas hacer para mejorar tu situación o para buscar nuevas estrategias.
  • Y otras personas cuyo discurso es del tipo: hay que seguir intentándolo; si te lo propones puedes conseguirlo; siempre se puede dar y obtener una segunda oportunidad, etc. Personas con visión positiva, que te animan, que te motivan a seguir aprendiendo y a buscar mejoras en tu vida.

¿Con qué tipo de personas te gustaría pasar la mayor parte de TU tiempo?

No estamos hablando de cambiar de círculos de un día para otro, no queremos prescindir de todas las personas que tenemos en nuestra vida. Pero sí podemos identificar qué tipo de personas nos rodean. ¿Son más las positivas o las negativas? Empecemos la criba. Si hay personas cuyo discurso es predominantemente negativo, intentemos no quedarnos con su discurso diciéndonos mentalmente: “Esa es SU opinión, no la mía. Yo no estoy de acuerdo”. Si hay personas cuyo discurso es más bien positivo, nos empaparemos de su actitud pensando para nosotros: “Tiene razón en lo que dice, voy a aplicarlo”.

Aunque realmente en el momento no lo pensemos así, repetirse esas frases mentalmente es una manera de modificar el hábito de pensamiento que tenemos. Está visto que es más fácil dejarse llevar por el lado oscuro, por lo que habrá que construir algunos muros a la negatividad y abrir algunos cauces al optimismo.

Además de los que ya están en nuestro entorno, todos los días podemos conocer personas nuevas. Quedémonos con las que sintamos positivas, con las que no estén siempre quejándose, criticándose o criticando a otros o autocompadeciéndose. Las que sintamos que van a aportar algo bueno a nuestra vida.

Al final, muchos de nuestros comportamientos están influenciados por lo que vemos en otros. Modelemos los comportamientos que nos gustan e intentemos alejar los que no.

El mejor camino es “apartarse” del modelo que no queremos seguir y aprender del que nos gusta.


¿Qué piensas sobre este tema? Comparte si conoces a alguien a quien pueda interesarle y comenta si quieres dejar tu opinión.

Sobre la autora

Elena Marín

Psicóloga especializada en Trastornos de la Conducta Alimentaria, Obesidad y Coaching Nutricional e interesada en autoeficacia, empoderamiento y desarrollo personal.

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