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Disforia de género y transexualidad: Día de la visibilidad trans

La identidad de género, la disforia de género y la transexualidad son temas en auge que se pretenden visibilizar y atender desde diferentes colectivos, asociaciones, casos particulares, desde la educación, desde la sanidad, desde la política o desde la justicia, a través del surgimiento de leyes que reconocen y protegen los derechos individuales de todas las personas. El objetivo común es el de sensibilizar, despatologizar y formar para eliminar la discriminación y las desigualdades, así como garantizar la integración en la sociedad, el respeto a la identidad de género libremente manifestada y el bienestar físico y psicológico de todas las personas, independientemente de su sexo y del género con el que se identifiquen.

A día de hoy existe insuficiente información acerca de las causas para las numerosas opciones de sexualidad y orientación sexual que existen: si son fisiológicas o psicológicas, si son innatas o adquiridas, debidas a la acción de hormonas, a causa de diferencias estructurales del cerebro o de aprendizajes y creencias interiorizadas a lo largo del desarrollo. Sin embargo, sí se sabe a ciencia cierta que la toma de conciencia sobre la propia identidad de género puede producir desajustes en la persona y en su entorno social y familiar, afectando a la habilidad y potencialidad de aceptación de esta situación. Además, que las personas cuya identidad de género, orientación sexual o expresión de género difieren de los cánones tradicionales, de acuerdo a una construcción binaria del género, se enfrentan al estigma, la discriminación, la exclusión social, pueden desarrollar ansiedad, depresión, incluso ser víctimas de asesinatos y llegar al suicidio.

Al tratarse de menores o adolescentes, a menudo no se le da la importancia que merece, entendiéndolo como parte de la confusión típica de la edad, tratando de negarlo, ocultarlo y generando un silencio que tiene como consecuencia falta de apoyo, aislamiento y sentimientos de soledad, culpa y autorrechazo.

A esta situación se une la invisibilización social que el patriarcado ha contribuido a consolidar con la universalización de la dualidad hombre/mujer, encontrándonos todavía en los primeros pasos del abordaje de una atención especializada a las personas que no se identifican con una clasificación binaria y excluyente.

Reconociendo el gran avance que esta temática está teniendo tanto a nivel estructural como cultural, es indudable que aún es una necesidad insuficientemente atendida. La población infantil y adolescente, así como sus familias, se encuentran con dificultades ante cómo actuar y a quién acudir cuando necesitan ayuda.

Son muchas las personas que, al explicar las razones por las que no se identifican con el sexo  que les fue asignado al nacer o por las cuales decidieron cambiar de sexo, dicen que, en el caso de haber nacido biológicamente niño: “desde pequeño le gustaba más estar con las niñas”, “prefería hacer cosas de chicas, como jugar a las casitas o cocinitas, pintarse las uñas o disfrazarse de princesa”, “charlar con las niñas”, “no le gustaba correr o ensuciarse”. En el caso de haber nacido biológicamente niña: “le gustaba jugar al fútbol”, “odiaba los vestidos y las faldas”, “quería llevar el pelo corto” o, en general, “prefería estar con niños que hacer cosas de niñas”. Todos estos ejemplos están basados en explicaciones puramente culturales, no son realidades biológicas de la mujer o del hombre, sino estereotipos de género que dictan (equivocadamente) lo que es serlo.

El problema en estos casos sería de una sociedad carente de información y acostumbrada a rechazar lo que desconoce. Que no acepta que sexo biológico, identidad de género, orientación sexual y expresión de género no tienen por qué ir de la mano. Y que el hecho de no identificarse con los comportamientos, gustos, inquietudes, sentimientos o forma de vestir del género que se supone corresponde al sexo biológico, no significa que pertenezca, sí o sí, al otro sexo. Una persona no es “del sexo contrario” por el mero hecho de que le guste, prefiera o se sienta más cómoda haciendo cosas que culturalmente se asocian a este. En este caso, lo biológico no interviene.

Por otra parte, existe la posibilidad de que, en otros casos, sean realmente biológicas las causas que producen la disforia de género, efecto de una sexualización cerebral distinta a la corporal.

Una ayuda para la identificación de la respuesta correcta ante el sufrimiento de una persona con disforia de género sería la abolición de todos los estereotipos de género. La abolición del machismo, de las desigualdades de género, de los baños diferenciados, de la ropa, peinados, comportamientos, nombres, carreras, gustos en general asociados a uno u otro género. Solución utópica en nuestro presente.

Desde Atención Primaria y Especializada, los protocolos vigentes de actuación e intervención que se llevan a cabo ante la disforia de género señalan el proceso transexualizador, a través de la hormonación y la cirugía de reasignación sexual, como la mejor respuesta, a pesar de admitir que la información que se tiene al respecto es limitada. El papel de la psicología se limita a la evaluación, diagnóstico y acompañamiento a lo largo del proceso, obviando que la disforia de género no es una sola; sino que existen diferentes maneras de no identificarse con el sexo asignado al nacer. No sería lógico pensar que exista una única forma de actuar ante ella o que un proceso transexualizador sería la solución total y duradera para estos casos tan diferentes unos de otros.

A pesar de que al iniciar la intervención de reasignación sexual, se informa exhaustivamente a pacientes y familiares, es posible que la decisión se tome desde la desesperación, baja autoestima, bajo empoderamiento, bajo autoconocimiento y sufrimiento en general.

El papel de la psicología es esencial para que cualquier tipo de tratamiento, si se decide llevarlo a cabo, se inicie con un conocimiento profundo acerca de todo lo relacionado con el género y de lo que está viviendo y sintiendo, con un buen conocimiento sobre sí, sus deseos y posibilidades. Todo ello, dando a la persona el tiempo y el espacio suficientes para la reflexión acerca de su situación, sus sentimientos, sus creencias, su contexto y su historia.

Promover un desarrollo óptimo de la identidad y la personalidad debería ser prioritario. Así como el trabajo de habilidades y fortalezas para lograr que les adolescentes no ven añadida una dificultad a esta etapa de cambios y dudas, no se vean limitados, obstaculizados o presionados por el rechazo recibido de la sociedad, de su entorno o el autorrechazo.

Trabajar con adolescentes con disforia de género exige una atención específica y especializada y precisa de una triple intervención: con la persona adolescente, con su familia y con su entorno. A través una intervención interdisciplinar, en la que la atención primaria, asociaciones y centros educativos deben colaborar para respetar los protocolos e implantar estrategias de comunicación que faciliten a adolescentes y familias normalizar el abordaje de la situación con realismo y cuidado. La creación de gabinetes y equipos especializados parece una necesidad emergente a la que tanto la sanidad pública como la privada ha de dar respuesta. Dada la dispersión y la variedad o diversidad cultural y estructural de la población sobre la que se va a intervenir, se hace necesario trabajar de forma cooperativa, aprovechando cualquier canal cercano de comunicación.

Sobre la autora

Elena Marín

Psicóloga especializada en Trastornos de la Conducta Alimentaria, Obesidad y Coaching Nutricional e interesada en autoeficacia, empoderamiento y desarrollo personal.

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3 Comentarios

  • ¿Y no es la hormonación y la reasignación de sexo una forma más de reafirmar esa dualidad hombre/mujer? Cada vez leo más cómo las familias de niños y niñas trans luchan porque sus hijos acepten su cuerpo tal y como es y que la sociedad también lo haga, admitiendo y entendiendo que no todos los niños nacen con pene y no todas las niñas nacen con vulva. ¿Estamos lejos de eso?

  • Os felicito por abordar un tema tan actual que cuenta, en las mejores ocasiones, con el apoyo cada vez mayor de nuestra sociedad, pero también con gran desconocimiento.
    Considero muy importantes, artículos como éste que al ser abordados de forma abierta, especializada y diversa, proporciona argumentos diferentes que invitan a la propia reflexión o a la investigación.
    Gracias.
    Por otra parte, decir que me parece muy interesante el análisis que planteais desde la perspectiva de genero, separando y valorando la disforia de genero, mas allá de la identificación, cultural , con los estereotipos y roles de genero.
    Un tema para profundizar y reflexionar.

  • No tengo una formación suficiente en el tema y el artículo me ayuda a saber algo más sobre el mismo, lo que es de agradecer. Lo he leído -y volveré a hacerlo- con la máxima atención, igual que los comentarios de otras personas.
    Gracias

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